Cuando a una persona celíaca le hacen un análisis de seguimiento, el objetivo es responder a una pregunta muy concreta: ¿se está curando mi intestino con la dieta sin gluten? El problema es que la herramienta que se usa habitualmente, el test de anticuerpos antitransglutaminasa (anti-tTG IgA), pierde fiabilidad precisamente cuando más se la necesita: una vez que la persona ya no come gluten, los anticuerpos bajan aunque el intestino no se haya curado del todo. Un nuevo estudio de la Universidad de Oslo (Noruega) propone una vía distinta: analizar un conjunto de proteínas en sangre que parecen reflejar mejor lo que ocurre realmente en la mucosa intestinal.
El trabajo se ha publicado en Gastroenterology, una de las revistas de referencia en digestivo, y está firmado por un equipo del Centro Noruego de Investigación en Enfermedad Celíaca (Universidad de Oslo) y del Centro Clínico y Traslacional de Enfermedad Celíaca del Hospital Universitario de Oslo. Te contamos qué han encontrado, qué podría aportar frente a los análisis actuales y qué es todavía demasiado pronto para afirmar.

Cómo se hizo el estudio
El equipo, liderado por Jostein Holen Ibsen (médico e investigador predoctoral) y con la participación de los investigadores Jorunn Stamnæs, Shuo-Wang Qiao —firmante como S. Lund en la ficha de la publicación—, Ludvig M. Sollid, Louise Fremgaard Risnes y el profesor Knut E. A. Lundin, analizó 264 muestras de sangre y tejido intestinal procedentes de personas celíacas, recogidas antes de empezar la dieta sin gluten y de nuevo después de un año siguiéndola, además de muestras de personas sin la enfermedad a modo de comparación. Todas las muestras se recogieron entre 2018 y 2024 en el Rikshospitalet de Oslo, con el consentimiento de los participantes para su uso en investigación.
La técnica empleada es la proteómica dirigida, que permite medir simultáneamente decenas de proteínas distintas en una sola muestra de sangre (en este caso, mediante un panel específico de Olink). En lugar de buscar un único marcador, como hace el test de anticuerpos actual, el equipo analizó un panel amplio para ver qué proteínas se comportaban de forma distinta entre personas celíacas y personas sanas, y entre el momento del diagnóstico y un año después.

Qué descubrieron: 24 proteínas, nueve especialmente reveladoras
El análisis identificó 24 proteínas asociadas a la enfermedad celíaca. De ellas, nueve estaban especialmente ligadas al grado de daño intestinal, es decir, su nivel variaba según lo dañada que estuviera la mucosa del intestino delgado. Los investigadores no han hecho pública todavía la lista completa de las proteínas con mayor potencial, a la espera de validarlas en estudios posteriores.
El patrón general fue claro: las personas con celiaquía sin tratar presentaron los niveles más altos de proteínas inflamatorias, mientras que las personas sanas mostraron los niveles más bajos. Tras un año de dieta sin gluten, esos niveles cambiaron de forma notable, lo que los autores interpretan como un reflejo de la inflamación intestinal y de su progresiva curación. Sin embargo, incluso después de un año sin gluten, las personas celíacas seguían teniendo niveles ligeramente más altos de algunas de estas proteínas que las personas sanas, lo que sugiere que puede persistir cierta inflamación residual en el intestino más allá de lo que detecta el test de anticuerpos habitual.
Por qué podría importar: los límites del seguimiento actual
Hoy, el diagnóstico de la celiaquía combina el análisis de anticuerpos (anti-tTG IgA e IgA total) con una gastroscopia y biopsia del intestino delgado, y el seguimiento posterior suele apoyarse sobre todo en ese mismo análisis de sangre. El problema, como explica el propio Ibsen, es que ese test pierde utilidad una vez que la persona ya sigue la dieta sin gluten: los anticuerpos tienden a bajar independientemente de si la mucosa intestinal se ha curado por completo o no, lo que puede dar una imagen demasiado optimista de cómo va realmente la curación.

El profesor Knut E. A. Lundin plantea estas nuevas proteínas como un complemento a la serología actual, no como su sustituto: la idea es disponer de una imagen más precisa de cómo evoluciona la inflamación intestinal, y ofrecer un seguimiento más tranquilizador para quien ya hace todo lo posible por mantener la dieta. El propio Ibsen insiste en el mismo matiz: estas pruebas no deberían sustituir a los análisis que usamos hoy, sino añadirse a ellos.
Limitaciones: lo que el estudio todavía no dice
- Todavía no es una prueba disponible. Los propios autores señalan que hacen falta más estudios, con más pacientes, antes de que estas proteínas puedan usarse en la consulta médica.
- Falta seleccionar qué proteínas son realmente las más útiles. De las 24 identificadas, los investigadores aún deben decidir cuáles merece la pena seguir investigando en profundidad.
- Población y tamaño de la muestra. Las 264 muestras procedían de un único centro (Rikshospitalet, Oslo) y no se ha hecho público cuántos participantes había en cada grupo (celíacos sin tratar, celíacos tratados y controles sanos), ni si incluía a niños o solo a personas adultas.
- Mide proteínas asociadas, no causas. El estudio muestra una correlación clara entre ciertas proteínas y el grado de daño intestinal, pero no establece todavía cómo se podría traducir ese dato en un umbral o un criterio clínico concreto de «curado» o «no curado».

Qué significa para ti (y para tus viajes)
De entrada, nada cambia en el día a día: la dieta estricta sin gluten sigue siendo el único tratamiento de la celiaquía, y el seguimiento con tu médico sigue haciéndose con las herramientas actuales. Lo interesante de este estudio es la dirección que abre: si estas proteínas (u otras parecidas) terminan validándose, en el futuro podría ser más fácil saber si una persona celíaca sigue teniendo inflamación intestinal activa sin necesidad de repetir biopsias, y detectar antes si una exposición mantenida al gluten —por ejemplo, por contaminación cruzada recurrente al comer fuera o viajar— está dejando huella en el intestino aunque no haya síntomas digestivos evidentes.
Esto conecta con algo que ya comentamos al analizar el estudio sobre el umbral de gluten que activa el sistema inmunitario: los síntomas, por sí solos, no son un buen termómetro de lo que ocurre en el intestino. Herramientas de seguimiento más precisas, aunque todavía estén en fase de investigación, apuntan en la misma dirección: la mejor estrategia sigue siendo la prevención constante, no fiarse de «cómo me siento» después de comer.
Fuente: Ibsen JH, Stamnæs J, Qiao SW, Sollid LM, Risnes LF, Lundin KEA. «Targeted Serum Proteomics Reveals Profiles Associated With Gut Pathology in Celiac Disease». Gastroenterology, 2026. DOI: 10.1053/j.gastro.2026.07.033. Complementado con la nota de prensa de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oslo (09/10/2026) y la cobertura de News-Medical y AZoLifeSciences (08-10/10/2026). Este artículo es divulgativo y no sustituye el consejo de tu médico.
¿Qué ha descubierto este estudio sobre la celiaquía?
Un equipo de la Universidad de Oslo ha identificado 24 proteínas en sangre relacionadas con la enfermedad celíaca, nueve de ellas especialmente ligadas al grado de daño en el intestino delgado.
¿Esto sustituye al análisis de anticuerpos (anti-tTG) que ya se usa?
No. Los propios investigadores señalan que estas proteínas no deberían sustituir a los análisis actuales, sino complementarlos para dar una imagen más completa de cómo evoluciona la inflamación intestinal.
¿Por qué hace falta algo más que el test de anticuerpos actual?
Porque ese test pierde fiabilidad una vez que la persona ya sigue la dieta sin gluten: los anticuerpos suelen bajar aunque el intestino no se haya curado del todo, lo que puede dar una imagen demasiado optimista.
¿Ya se puede pedir este análisis de proteínas en la consulta médica?
No, todavía no. El propio estudio señala que hacen falta más investigaciones, con más pacientes, antes de que pueda usarse como herramienta clínica habitual.
¿Qué significa para una persona celíaca que viaja o come fuera con frecuencia?
De momento, nada cambia en la práctica: la dieta estricta sin gluten sigue siendo el único tratamiento. Pero el estudio refuerza la idea de que los síntomas no son un buen indicador de lo que ocurre en el intestino, por lo que conviene seguir priorizando la prevención y los controles médicos periódicos.











